Abzû y la unión con la naturaleza

Cuando me siento sobrepasado tiendo a buscar la naturaleza como válvula de escape. No suele pasar, pues desconecto fácilmente con poca cosa. Sin embargo, en los casos extremos, no tengo otra que buscar esa naturaleza, un espacio que existe, impertérrito, más allá de mi día a día. Porque me recuerda quien soy, por como conecta con mi fuero interno; más sensorial y primitivo. Quién más quién menos habrá deseado, en medio de una larga jornada, dejarlo todo y salir a dar una vuelta para despejarse y conectar con la naturaleza. Es algo que nos llena porque nos hace partícipes del don de la vida, recordándonos la tierra de la que formamos parte.

En lo que se refiere a sumergir al jugador en un entorno virtual, el videojuego suele optar por lugares extraños. Al ser fácilmente identificables, se graban con facilidad en la mente de quien los juega. Todo buen jugador recordará los mundos mágicos de la saga Final Fantasy por hacer uso de localizaciones inolvidables. Sus escenarios, como Midgar, el jardín de Balamb, Alexandria o Zanarkand (FF VII, VIII, IX y X respectivamente), inspiran la imaginación del jugador y le llevan a soñar con esos lugares fuera de la experiencia de juego. Es un fenómeno que también puede verse en juegos occidentales como Dead Space, con la nave de diseño amenazante que es el Ishimura, o en entornos ajenos al videojuego, como Disneyland Paris.

Tendemos a diseñar lo que nos rodea para que sea memorable y en el caso del videojuego tienden a proliferar este estilo de espacios extraños, que son el intento de diseñar algo simbólico sin los matices que aporta la evolución de una sociedad; hace falta pensar en cualquier ciudad más o menos emblemática, con toda una historia detrás, para ver esa riqueza cultural necesaria para tener un entorno verdaderamente memorable.

A demás de diseñar entornos que existen en el mundo real, o ser especialmente genial a la hora de trasladar componentes culturales reales a un entorno ficticio, la forma más directa de evitar esta extrañez es imitando la naturaleza. Porque no hay nada que respete más la inmersión que un entorno natural, que existe al margen del hombre y, por lo tanto, es real y lo trasciende.

Más allá de intentar copiar dicha naturaleza, el genio humano es capaz de unir su condición con lo natural creando entornos como la Sagrada Familia de Barcelona, que, imitando las formas de la naturaleza, es una de las uniones más brillantes entre esta, lo humano y lo divino.

Abzû, además de imitar el mar, une la condición humana con lo natural y lo divino a través de la relación que establece el jugador con la naturaleza marítima. En su diseño de espacios hace gala de lugares memorables, pero es en las respuestas que da a las acciones del jugador donde este estrecha lazos y establece una relación íntima con la naturaleza.

Porque lo que hace memorable un lugar es poder interactuar con él y que este interactúe contigo; poder sentir que estás ahí, vivirlo. En este caso va más allá porque el lugar es la naturaleza y esta forma parte de nosotros y nosotros de ella a un nivel mayor que cualquier espacio definido por el hombre.

Resulta interesante que Abzû lo logre con uno de los entornos naturales que genera más inseguridad. Flotar en medio del agua es no tener nada a lo que agarrarte, estar a merced de cualquier cosa que haya en sus profundidades. Y de buenas a primeras es una sensación que genera pavor. Los chicos de Giant Squid Studios aprovechan esta percepción hostil que tenemos del mar para cogernos con la guardia baja y darle la vuelta cuando menos lo esperamos.

Abzû nos saca de esta hostilidad y nos muestra, no solo que el hombre forma parte de la naturaleza y puede vivir en ella, sino que ella misma es una extensión del alma humana. Llegando a un nivel de conexión que confunde lo humano con lo natural, porque en esencia son una misma cosa. Lo cual no es nada trivial de transmitir.

Al mover al personaje queda claro que estás nadando, al interactuar con la vida marítima queda claro que esta existe al margen de uno mismo, pero es en el trato continuado con esta naturaleza donde el jugador va compenetrándose con ella. Las mecánicas evolucionan a la par que lo hace la experiencia del jugador y terminas siendo uno con el mar.

Esta unión con lo natural refleja esta “sabiduría del océano” (traducción que los desarrolladores dan a Abzû) que puede verse en el mito del génesis babilonio, el Enûma Eliš, presentando, como otros mitos similares, la unidad de todas las cosas a través de su creación. Porque es en esta génesis donde se puede ver que todo pertenece a un mismo principio y este es un punto de unión que nos permite experimentar la naturaleza como un bien que nos pone en contacto con nosotros mismos.

Cuando en lo alto, el Cielo no había sido aún nombrado,
y debajo, la Tierra no había sido mencionada por nombre,
nada existía excepto Apsû, el antiguo, su creador,
y el caos, Tiamat, del que todo fue generado.,
Las aguas se agitaban en un solo conjunto,
y los pastos no se habían aún formado ni existían los cañaverales;

Cuando todo nos sobrepasa y nos sentimos fuera de lugar, viene bien recordar lo que nos une al mundo, y Abzû nos muestra que cualquier criatura y lugar puede llegar a formar parte de nuestra identidad si estamos dispuestos a compartir nuestras vidas con el mundo que nos rodea.

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