Owlboy, la confianza de un búho

Toda buena aventura puede definirse en base a relaciones de confianza. De confianza en las propias capacidades, en el destino o en otras personas. Porque desde el mismo instante en el que el héroe decide embarcarse en una aventura ya emprende el mayor acto de confianza que se puede cometer, el de creer en el destino de ese viaje. Y lo que transforma tanto los acontecimientos como a aquellos que los disfrutan es la realización del protagonista de que el viaje no es lo que creía. Y que el destino era otra cosa.

Así vemos la evolución más pura que se puede observar en un personaje, la asunción de sus responsabilidades y el crecimiento hacia la etapa adulta. Todo parte de un mismo detonante, ese acto de confianza inicial. Luke vive su aventura porque confía en Obi-Wan, Harry Potter en Dumbledore, Frodo en Gandalf y Otus, el búho protagonista de Owlboy, en todo el mundo.

Por ello tiene sentido que decida tomar cartas en el asunto para recuperar la confianza de los demás. El joven mudo cree que sus fracasos importunan más de lo necesario y como solo quiere ayudar se lanza a recuperar el afecto de los que le rodean. Porque el afecto y la confianza engendran amistad y esto es lo que mueve a nuestro protagonista en todo momento, una inocencia arraigada en la bondad que le lleva a querer confiar en todo el mundo y ser correspondido. Esto permite que unos cuantos confíen en él hasta el punto de dejarse llevar por los cielos y embarcarse en su aventura.

Como si de herramientas o armas se tratara, los aliados de Otus llevan la confianza a sus últimas consecuencias dejando que él los use, juntando el tema central de esta aventura con los sistemas de juego. Así cuando cambias de arma en realidad estás cambiando de compañero, que sujetas y haces volar por los cielos mientras él usa el arma que lleva de serie. Tan lejos llega la fe de sus amigos en él que se dejan lanzar por los aires e incluso usar para mantener interruptores pulsados. La poca agencia que tienen los amigos de Otus remite a juegos de otra época en los que asumíamos que ciertas cosas tenían que existir aunque fuesen en contra del argumento para no dañar la jugabilidad. Aquí puedes lanzar los amigos del protagonista al vacío las veces que quieras y maltratarlos tirándolos contra la pared que se seguirán queriendo todos mucho.

Pese a esta desconexión tan flagrante entre historia y juego hay varios guiños repartidos que demuestran que los desarrolladores sabían lo que hacían con esto y que es hasta cierto punto deliberado. No me preocupa. Pese a que daña un poco la experiencia no hace menos poderosos los momentos en los que sí hay una simbiosis muy buena entre lo que se cuenta y lo que se juega, como cuando es Otus quien debe confiar en la ayuda de los demás, el uso de la épica en el viaje y todo un tramo final que invierte con brillantez las relaciones de dependencia entre personajes y el mensaje de la confianza brilla con la fuerza de mil soles porque, al fin y al cabo, lo estás jugando tú.

La caracterización, que destaca gracias al mejor pixel art que he visto desde Legend of Mana, mueve al guion de una de las formas más orgánicas que se puede ver en el medio. Como todo se construye en base a relaciones de confianza las acciones de los personajes tienen sentido porque estas muestran como nada los deseos de cada individuo. Y así el argumento avanza no porque deba, sino porque las necesidades de unos individuos bien reales han decidido marcar la diferencia, para bien o para mal.

Pero la confianza en el viaje es traicionera y cuando los protagonistas descubren que las cosas no son tan sencillas como creían tienen crisis importantes, se sienten heridos y esta confianza se trunca, mostrando su humanidad a través del deseo de bien, justicia y pertenencia roto.

Voy en serio cuando digo que este es el juego más honesto de todo 2016 porque como toda buena aventura, como la historia más antigua de la humanidad, habla de nuestros deseos más profundos, de lo que nos hace levantar todas las mañanas, de la confianza en un proyecto y de los peligros de la inmadurez y la desconfianza. Owlboy triunfa, resulta verdaderamente interesante porque los momentos de transformación más importantes, de desnudez ante el destino, de intimidad, requieren de la implicación activa del jugador en este mundo y sus personajes. Así, él y Otus viven esta conversión como agentes activos de su propio cambio.

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